Cuando recurrimos a una personalidad de redes sociales para que nos explique un tema complejo, recibimos respuestas que aclaran nuestras dudas, pero también sesgos, vacíos e información poco precisa.

Uno de mis formatos de contenido favoritos es el videoensayo. Lo consumo desde hace años, cuando los vlogs estaban de moda y presentaban a personas hablando frente a cámara durante 10, 20 o 30 minutos sobre un tema interesante. Valoro de manera especial cuando los creadores citan sus fuentes de información, argumentan sus posturas y muestran ejemplos de aquello que comentan. Hace unos días, me enteré de que ya existe una categoría para este tipo de creadores de contenido: thinkfluencers.

Me hace gracia el término. “Influenciadores que piensan”. O bien, “influenciadores del pensamiento”. Quizás esta segunda traducción es más precisa. Desconozco si hay personas que se adscriban como tal, pero esta categoría, aunque algo pretenciosa, es útil para reconocer que existen personas cuya oferta en el infinito universo del internet es sintetizar lo complejo y dar sentido a lo abstracto. Ahora bien, ¿por qué nos gusta escuchar a gente que explica cosas?

En primer lugar, porque como audiencias hemos legitimado y empoderado a los thinkfluencers. De acuerdo con el Digital News Report 2026 de Reuters, por primera vez en 20 años las personas prefieren informarse en redes sociales antes que en medios noticiosos (como televisión, prensa, radio y sitios web). Además, las personas confían más en influencers y periodistas reconocidos que en las instituciones mediáticas.

A ello podemos sumar nuestra dieta mediática. Un estudio del Departamento de Estadística de la MS University de India encontró que una persona de la generación Z puede ver hasta 450 reels (videos cortos) en 3 horas. Por su parte, el medio Al Jaazera encontró que una persona pasa un promedio de 2 horas y 39 minutos en redes sociales al día; es decir, al menos 40 días al año. Subrayo: solamente en redes sociales. Alucinante.

Nuestro consumo de mensajes y estímulos es voraz. Es normal sentir la necesidad de darle orden y sentido al caos informativo, que si lo representáramos de manera gráfica se parecería a una pintura de Jackson Pollock o al cuarto de tiliches de la abuela. Por eso, cuando nuestro creador de contenido de confianza aborda un tema que nos interesa contribuye a que nuestro consumo mediático deje de ser un atracón y se convierta en una degustación.

Por otro lado, ¿cuáles son los riesgos que conllevan estos contenidos? Una primera idea es que recurrir a los thinkfluencers como primera —e incluso única— referencia de consulta nos aleja de las fuentes originales de la información. El propio estudio de Reuters lo refleja: 4 de cada 10 mexicanos consume noticias comentadas por alguien más. Dicho de otro modo, estamos consumiendo noticias procesadas, filtradas y reinterpretadas. No es lo mismo hervir la comida en la olla que descongelarla en el microondas.

Esto implica que no solo nos acercamos al hecho desde el punto de vista de quien lo platica, sino que recibimos sus sesgos, omisiones y falta de rigor en el tratamiento de la información. Según Naciones Unidas, el 62% de los influencers no verifica lo que comparte, y suelen escudarse en la “opinión” para no hacerse responsables.

Se trata de un vicio del que no están exentos medios y comunicadores tradicionales, pero que en entornos digitales se magnifica y arraiga con fuerza. Si bien el carisma y la empatía son virtudes de gran utilidad para que el mensaje llegue a más personas, también pueden camuflar, de manera inocente o deliberada, las carencias de rigor y ética en la difusión de mensajes.

Celebro que los thinkfluencers no se conformen con saber qué sucedió y exploren los porqués. La crisis de sobreinformación es, en esencia, una crisis de fondo: no se profundiza lo suficiente en los temas porque, como nueva norma social, estamos obligados a enterarnos de todo y, por si fuera poco, a tomar postura antes de comprender lo que consumimos. Disponemos de toda la información del mundo; el nuevo reto consiste en contextualizarla y transformarla en aprendizaje.

Google News

TEMAS RELACIONADOS