Hoy por la mañana revisé la página de inicio en mi buscador: problemas neurológicos provocados por dormir cerca del teléfono celular, secretos cosméticos para evitar a toda costa el envejecimiento, mil y un formas para conservar la masa muscular a base de polvos sintéticos, la mejor manera de hacer un ayuno intermitente exitoso, los tips más actualizados para el cuidado de la piel, hábitos nocturnos que empeoran la salud cardiovascular, consejos de un experto para ser más productivos cada día, y un sin fin de información sobre el cuidado de la salud y el bienestar que se apila y actualiza a pasos acelerados.

Son las 9 am y siento que me falta algo, necesito siempre más: más juventud, más músculo, mejor comida, mejor piel, más tiempo, mejor metabolismo, más productividad, relaciones más felices, más tiempo para organizarme mejor, más y más… y nuestro cuerpo en medio de esta aparente necesidad de más se va transformando poco a poco en un ente de insuficiencia urgente.

Nunca habíamos tenido tanto acceso a información sobre salud y bienestar; paradójicamente, nunca había sido tan difícil distinguir aquello que realmente nos ayuda.

Nuestro cuerpo sumergido, como casi todo en la actualidad, en medio de algoritmos, redes sociales, influencers y tendencias de moda, habita en medio de las exigencias de un mercado que normaliza la exigencia de “estar bien”: practicar ejercicio, pero solo el que está de moda; estar fuertes, pero estéticos; comer bien y de forma ordenada sin sucumbir a los antojos; cuidar la piel a costa de todo, como si el envejecimiento no fuera parte natural de la vida; hacer un plan para cada momento del año, del mes y del día augurando a partir de esto, el éxito y la felicidad que todos deseamos lograr…

En la búsqueda de mejorar y optimizar nuestra vida, hemos dejado de escucharnos, de tomar pausa, y nos hemos desconectado de nosotros mismos y de las necesidades básicas volviéndolas mecánicas y estructuradas sin integrar de forma inteligente todo lo que escuchamos, leemos, vemos y consumimos. Vivimos enredados en una espiral de exigencia infinita.

¿Cómo identificar lo que es verdad de lo que no?, ¿cómo sabremos lo que nuestro cuerpo necesita si ya ni siquiera podemos escucharlo con tanto ruido afuera?, ¿cómo sabes si aquel post es adecuado para ti si de seguir tantos consejos ya no recuerdas ni cuál era exactamente o quién te lo recomendó?, ¿cómo saber si quien te da ese “tip” es alguien que tiene la preparación correcta?

Ir para atrás parece complicado, pero ¿por qué no iniciar por aquello que es básico, buscando lo que es natural y que está relacionado con nuestros ciclos biológicos, sociales y apegados a la naturaleza misma? Quizá sería una buena clave para reiniciar.

Hay que partir de que nuestro cuerpo sí nos habla, sí nos da señales y lo hace mediante cosas tan comunes y naturales como el hambre, la saciedad, el cansancio, el sueño, el dolor, el placer, la sed, la energía o el estrés, todos parte de nuestra propia humanidad, a la que nos negamos para no “sufrir”; sin embargo, hemos aprendido a desconfiar de esas señales porque siempre hay una recomendación nueva que parece la mejor y la que solucionará desde afuera nuestros problemas, sin un contexto y sin poner en el centro a la persona desde un sentido crítico y profesional.

Desde la época antigua, el bienestar se entendía como un fino equilibrio entre la persona y su entorno. Aire fresco, contacto con la naturaleza, sol, una alimentación sencilla, bebida con moderación, movimiento continuo, vigilia, descanso y sueño suficiente eran considerados los pilares fundamentales de la salud; y aunque el mundo ha cambiado sustancialmente, muchas de estas cosas siguen vigentes y son una buena brújula para volver a encontrar el camino.

¿Cuándo fue la última vez que descansaste solamente porque lo necesitabas y no lo postergaste porque aún no era la hora correcta para ir a la cama?, ¿cuándo comiste porque tu cuerpo así lo necesitaba sin importar si habías consumido o no tus suplementos?, ¿cuándo dejaste de disfrutar un paseo a media tarde sin mirar el reloj cuenta pasos?

Quizá el siguiente consejo de salud que necesitamos escuchar no está en una red social, lo más probable es que provenga del propio cuerpo; recuerda que hace casi 2500 años Hipócrates dijo: “solo existen dos cosas: ciencia y opinión. La primera engendra el conocimiento; la segunda, la ignorancia”.

Google News

TEMAS RELACIONADOS