El espíritu universitario de Puebla no sólo se refleja en la cantidad de instituciones educativas o egresados que le da al estado, a México y al mundo.
En realidad, sus aportaciones han ido más allá, pues hay diversos científicos que han hecho de Puebla su laboratorio.
Como sucede con otros antecedentes históricos de la entidad, a ellos se les recuerda en grupos de aficionados a la historia de Puebla en Facebook como Puebla Antigua.
Sus aportaciones incluyen tanto la astronomía, como la física-matemática, la computación y también las ciencias sociales.
Un ejemplo de ello es Guillermo Haro Barraza, astrónomo y humanista que inició el hoy Observatorio Astrofísico Nacional de Tonanzintla, que forma parte del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE).
Además de esas aportaciones, descubrió varios objetos estelares que llevan su nombre y es un referente en la materia que no pierde vigencia.
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Un segundo investigador reconocido es Harold Mcintosh, un físico matemático patriarca de varios profesionales de la computación en México desde los 60.
Junto con su equipo, investigó y desarrolló tecnología en hardware, lenguaje de computación, teoría de la computación y cómputo científico.
También está el caso de Alfonso Serrano Pérez-Grovas, otro astrofísico investigador que fue el principal promotor del Gran Telescopio Milimétrico que se ubica ahora en la Sierra Negra.
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Por su parte, Luis Terrazas Rivera fue un ingeniero y astrónomo que fundó la hoy Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y también fue rector.
Estar inmerso en las ciencias exactas no le impidió ser un principal activista y militante de izquierda que ha contribuido a la historia de Puebla.
Del lado de las ciencias humanas hay también casos como el de Manuel Díaz Cid, quien fue académico y un ideólogo conservador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
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